(Artículo) El auténtico valor de querer el deporte

13.05.2017

Recupero un escrito que hice gracias a un profesor de la universidad (Damián Ossorio) y todo lo que éste me proporcionó ante mi curiosidad por conocer sobre los valores y el deporte.

Es importante saber por qué practicamos el deporte, con qué finalidad. El deporte es practicable en nuestro tiempo libre de ocio. El ocio es el verdadero reencuentro y la afirmación más segura de la propia personalidad individual y, a la vez, una auténtica necesidad colectiva. Hay que saber que esta personalidad evoluciona gracias al deporte, por una transmisión de valores que el deporte profesa. Aquellos pasotas que se apoyan en el mínimo esfuerzo y sobre todo en la suerte, está vacío de motivo y se alojaría en lo opuesto a los ideales, deberes y valores.

¿Qué es el deporte? El deporte es el sumatorio de juego + ejercicio físico + competición. El deporte es superación personal y es una respuesta física natural a una competición donde hay que poner en juego facultades naturales. Para John Keating, es en realidad una oportunidad que tenemos de que otro ser humano nos empuje a superarnos, a lograr lo que decía Antonio Machado, ser lo mejor posible.

El deporte es atractivo, no únicamente para los niños sino para gran parte de la sociedad en general. Esto es porque el deporte es reto, es riesgo, es competición, es aventura, es victoria. Nos permite saciar la natural sed humana de triunfo, aunque sea superando a otros. Es sentido muy cercano cuando son vuestros hijos los protagonistas.

¿Qué sentido tiene el deporte como medio educativo?

  • Perseverancia en el esfuerzo
  • Espíritu de sacrificio
  • Capacidad de renuncia
  • Reconocimiento inevitable de las propias limitaciones y valoración de las virtudes de los demás.
  • Ayuda a madurar

Un afán desmedido de triunfo provoca corrupción, violencia y un narcicismo ridículo. No es cierto que haya competiciones en las que si perdemos, perdemos mucho más que un partido.

¿El deporte es compaginable con los estudios?

Aquello que nos impide el estudio es la televisión, la falta de control de la imaginación y los hábitos de pereza mental.

Decía Juan Pablo II sobre el modelo de deportista que "no es sólo el campeón en el estadio, sino el hombre en la plenitud de su persona, quien debe llegar a ser un modelo para millones de jóvenes, los cuales tienen necesidad de líderes y no de ídolos. Necesitan hombres que sepan comunicarles el gusto por lo arduo, sentido de la disciplina, valentía de la honradez y la alegría del altruismo; hombres cuyo testimonio, coherente y generoso, les estimule a afrontar los problemas de la vida con igual empeño y entusiasmo"

Siempre hay deportes que la familia puede practicar de manera conjunta. El deporte es importante, pero nunca no es lo primero.

Educación, familias y deporte

Para un hijo, lo verdaderamente eficaz es decirle: estoy contento de cómo has luchado, lo has hecho bien, te felicito, no te preocupes, si sigues entrenando así mejorarás, refuerza los éxitos de tu hijo y el empeño que haya puesto. ESTO ES EDUCAR A TRAVÉS DEL DEPORTE. El deporte no es ganar o perder, es mucho más que eso. Ser un ganador significa que las grandes experiencias humanas han venido siempre por el camino del esfuerzo y de la tenacidad, el deporte es eso.

La dimensión educación-formación de la práctica deportiva, la pedagogía basada en la experiencia y la orientación a la acción deben ser objetivos que animen nuestra labor como gestores y técnicos. El deporte puede contribuir a garantizar con equilibrio un cuerpo sano en una mente sana. Es una ocasión de formación a la ética y al hombre, que se prueba así mismo en el respeto de las reglas y en el reto continuo consigo mismo y con los otros.

Es lógico que un contexto educativo-formativo agradable y con baja intensidad de estrés ayude a aprender mejor, a mejorar la concentración y a consolidar la memoria a largo plazo. Tarea de los buenos formadores debe ser facilitar este desarrollo buscando enlazar emociones al proceso de aprendizaje y utilizando también técnicas como la dramatización, el humor, integración del arte, del movimiento y del deporte.

El hombre actual es un holgazán que se desvía sin metas, extraño entre extraños, seducido por la primera propuesta que encuentra; es un vagabundo privado de raíces y de metas o un jugador de azar que ama el riesgo, que en el viaje pone en peligro la vida y su fortuna porque está atraído sólo por el riesgo. Un viajero eternamente descontento, insatisfecho de sí mismo y de su existir, siempre a la búsqueda de alguna cosa que él piensa resolutiva, pero que, una vez alcanzada, descubre vana e insuficiente para calmar su ansia porque, ¿cuánto dura la victoria? Ningún éxito inmuniza.

Estamos ante una sociedad que cree en lo efímero, sustituyendo a lo verdaderamente auténtico.

Para poder alcanzar resultados positivos y duraderos, mercado, público, sociedad civil, mundos formales e informales, familia al unísono, deben saber poner en el primer lugar elecciones valientes auténticamente promovedoras de la humanidad guardada en cada persona.

El deporte debe perseguir amar la vida, deporte en medio de la naturaleza, búsqueda de la tradición para progresar, respeto a derechos y deberes, prevención y búsqueda de valores éticos, de una humanidad auténtica.

El deporte formativo debe ser capaz de potenciar los valores humanos más nobles. La puesta en marcha de este tipo de programas deportivos debería facilitar las transferencias de los auténticos valores del deporte a la vida diaria: superación personal, trabajo en equipo, respeto a las reglas, saber ganar, saber perder, tolerancia, sociabilidad, etc. Hay que fomentar una rivalidad en la cancha que de verdad fomente la amistad dentro y fuera de ella.

Los valores del deporte son el equivalente a los valores humanos en la sociedad. Y por ello, enseñándoselos a los más jóvenes, además de conseguir que sean mejores personas, se está trabajando también para que sean ciudadanos más solidarios a través de una educación integral, situación que pone una vez más de actualidad una de las frases de Platón: " hay que poner en la escuela lo que se quiere para la ciudad".

Los jugadores deben poder sentir satisfacción por el juego limpio, en jugar de forma honesta y justa. Ello significará respetarse a sí mismos y respetar a los demás. Los padres han de relativizar el resultado y valorar el juego y la diversión.

Hay que extender el concepto a la lucha contra las trampas, contra el arte de engañar sin vulnerar las reglas, contra el dopaje, la violencia física y verbal, la desigualdad de oportunidades, la excesiva comercialización y la corrupción. El deporte es en definitiva un preparación para la vida.

Teniendo en cuenta la importancia de practicar el juego limpio, debemos intentar contagiar a los demás con nuestro ejemplo. La magia del deporte es su poder para contagiar esta actitud, y el secreto del éxito se basa en poder aplicarla a nuestras vidas.

No caigan en la invasión constante de los modelos profesionalizados del deporte adulto sobre los objetivos del deporte infantil, MUCHO MÁS EDUCATIVOS.

"Yo era un chico Punky sin mucho talento. Pero mi entrenador hizo que me sintiera como si fuera mejor de lo que creía poder ser". Pièrre de Coubertain fundador del COI, habla de que la práctica deportiva se basa fundamentalmente en el honor y el respeto por sí mismo y por los demás.

Un modelo basado en intereses resultadistas o económicos, conseguirá que el deportista desde su más corta infancia vea esta actividad como el camino hacia una profesión y por tanto no poder practicarlo como afición.

En los JJOO de 1984, y sin ningún reglamento que le obligara a hacerlo el combinado italiano prestó al equipo británico una pieza de su propio trineo para sustituir una pieza defectuosa del trineo británico. El "Fair Play" permitió que Gran Bretaña consiguiese ganar la medalla de oro.

La excesiva preocupación por la victoria invita cada vez más a los participantes a violar los reglamentos. Se ha creado el peligroso mito de que el auténtico objetivo del deporte consiste en ganar.

El juego debe ser una diversión con objetivos curriculares en el ámbito afectivo, para que los alumnos se conozcan entre sí, no una guerra que a nadie puede divertir. Si se pone demasiado acento sobre la victoria, las reglas se percibirán como obstáculos para esta victoria; e inevitablemente, el deportista intentará violarlas.

Hay que aceptar la victoria sin triunfalismos y mostrar el rechazo firme a ganar a cualquier precio, a través de medios ilegales o violentos. Hay que asimilar y valorar la derrota, eventualidad normal del deporte y de la vida, como fundamento para futuros éxitos. Actitud de análisis de la victoria y del fracaso. Actitud de lucha contra las trampas. Actitud firme y digna ante un comportamiento desleal, actitud de modestia en la victoria y serenidad en la derrota. Actitud de reconocimiento con dignidad de la superioridad del adversario, actitud de reconocimiento de esfuerzo de los vencidos y actitud de rechazo ante las burlas, ridiculizaciones y descalificaciones. Mantenimiento del buen humor durante la competición y los entrenamientos.

CONCLUSIONES Y OBJETIVOS

Es importante el hecho de condenar enérgicamente cualquier indicio de comportamiento antideportivo, actuando siempre en interés del pleno desarrollo del deportista. Mi labor, en definitiva, es producir buenos deportistas, pero sobre todo y mucho más importante, buenas personas.

La labor de los padres es iniciarles en el principio de la lealtad. Deben entender que las posibilidades de desarrollo personal aumentan cuando su hijo está relajado y se divierte. Ganar está bien, tener amigos es mucho mejor aún.

Hay que mostrar que las victorias conseguidas con trampas no son algo de lo que alegrarse y que la presencia del árbitro es esencial para la realización de cualquier competición. El árbitro tiene un papel difícil de cumplir. Merece el total respeto de todos. Hay que aceptar sus decisiones sin poner en cuestión su integridad.

Recordemos que la victoria es sólo para uno, pero un buen juego lo es para todos.

Por desgracia, los valores imperantes en la sociedad son el individualismo, la indiferencia por el esfuerzo y la búsqueda de lo inmediato. Necesitamos un deporte basado en la competición, pues ello significa sacrificio, trabajo, espíritu de superación, búsqueda de soluciones, aceptación de unas reglas, respeto, acato de la autoridad, adquirir el sentimiento de formar parte de un equipo (bueno para la integración) y aprender a aceptar la derrota, el fracaso.

La vida es competición pero los padres deben hacer que sean mejores, no los mejores.

Hay que elegir unos valores que rijan sus vidas. Aquel que olvida que la esencia de la libertad es la lucha contra las resistencias no hace más que someterse a ellas, llevando una vida hundida en lo rutinario, en lo diario, en lo vulgar, sin fe alguna, sin trazar un proyecto personal y auténtico.

El deporte educativo no está fundado en base a una determinada ideología, sino en base a fundamentos filosóficos que contengan como referencia los valores humanos de autonomía, libertad y responsabilidad. El soporte ideológico hace del deporte actual una actividad donde lo que importa exclusivamente es el resultado. La actividad deportiva del ser humano accederá a niveles educativos siempre que en su realización conlleve la necesidad y la responsabilidad de referencia hacia la persona que realiza esa actividad, no sobre el posible resultado. Lo único educativo son las condiciones en que puedan realizarse esas prácticas, que permitan al deportista comprometer y movilizar sus capacidades, de tal manera que esa experiencia organice y configure su propio yo, logre su auto-estructuración, su autoestima y preste una servicio a los demás.

El valor del juego deportivo es el lúdico. El atractivo de lo intrascendente, de lo festivo-social y, como tal, sujeto a algún tipo de norma más o menos sofisticada. Añadiendo la voluntariedad en la participación. Esta voluntariedad aporta al individuo la posibilidad de practicar durante mucho tiempo esa actividad deportiva, y al fin y al cabo, ese sería nuestro éxito.

Gabo Loaiza Pérez (@gaboloaizaperez)

Estudiante de 4º en CCAFyD

Entrenador de 2º Nivel en baloncesto

Entrenador C.B. San Fernando