Ilusión por Latón

28.08.2017

La tendencia de la mayoría de los clubes deportivos es agrupar a los mejores niños/jugadores en un mismo equipo para "competir".

No obstante, resulta que hay dos tipos de ligas diferenciadas: las que recompensan con campeonatos autonómicos/nacionales (A) y las que no (B-Primer año-Municipales).

Crear un equipo A con los más talentosos puede tener su sentido, ya que les puede ayudar a formarse a otro niveles (auto exigencia, mentalidad, conocimiento más avanzado del juego, etc.), y además, en determinados casos, puede servir como trampolín a iniciar una carrera profesional en base a las clasificaciones en campeonatos (ojeadores de clubes, selecciones regionales, etc.).

Es decir, su alta exigencia competitiva tiene una posible recompensa -más allá que una copa o medalla- y se trata de formar, además, en base a ello.

Por otro lado están aquellas ligas B, municipales o de primer año, donde ocurre todo lo contrario, es decir, su sentido está en el polo opuesto. Esto es, en este tipo de competiciones no hay un "más allá" para aquel equipo que alcanza el "éxito" de la victoria (y para la individualidad del jugador, por consiguiente). Son ligas que pretenden, precisamente, rebajar la presión competitiva en pos de un mayor aprendizaje en lo básico.

De manera que, si un club tiene varios equipos en ligas de formación B (o primer año, o liga municipal), no debería hacer uno totalmente competitivo a costa de dejar al otro a 0, al no ser estas ligas que premien la competición con un siguiente paso, por lo que no cabe el elitismo aquí. Más bien debería compensar equipos y dar oportunidades de juego a ambos, esta sería la opción ideal si nos importa la motivación y formación de nuestr@s niñ@s/jugadores.

Y es que, en demasiadas ocasiones, olvidamos que formamos grupos compuestos por niñ@s, y no por números o hándicaps. Así caemos en el error de querer ser siempre competitivos, en lugar de querer ser siempre competentes.

En definitiva, mi consejo es que nos adaptemos a la exigencia real, que no imaginemos que estamos en unos niveles superiores a los que realmente estamos, y que sepamos evaluar las recompensas. No condenemos equipos a sufrir "palizas", no generemos impotencia en niñ@s, frustración y desgana cuando -simplemente- no toca.

Una simple copa o medalla, no tiene el mismo valor que 30 caras felices, ilusionadas y con ganas de seguir.

En definitiva, no cambien ilusión por latón.

Antonio Simón Montserrat

Entrenador de (y en) formación